Tomaré mi vida entre mis manos,
como joya preciosa,
como criatura que crece y quiere alimento,
como meta y como regazo,
aventura entrañable,
bendición y canto.
La libraré de impurezas,
y aceptaré los fallos,
disculparé los errores,
le daré tiempo y espacio.
Me reiré de mí misma,
y de mi ego inflado,
de mis rutinas y certezas,
de tantas costumbres acumuladas.
Le escribiré el más bello poema
con las luces de mi días
y los miedos de mis noches inseguras
con mis pasos vacilantes,
y la constante visita de mi alegría.
Será una carta que cruzará los tiempos
y atravesará los muros más altos,
hasta llegar a su destino,
este instante de oro,
que es ahora y aquí mismo.