En cada momento recibo el bautizo del sol y del viento,
sumerjo mi cuerpo en las aguas que son transparentes,
me fundo en paisajes y anhelos que vienen a verme,
ensancho mi espacio a lo hondo si veo y te siento.
Bautismo también de miradas, de espacios y tiempo,
que inunda mi corazón de nuevas palabras,
me allana caminos, me indica senderos
y de modo natural y firme abre para mí los cielos.
Los cielos abiertos me traen noticias de brazos que acogen,
de manos unidas que siembran la paz en la guerra,
de ángeles vivos que curan heridas y penas,
y me uno a los gestos de ayuda que llenan la tierra.
Con el poder de hijos amados,
y aliados por un mundo que grita
y se tambalea desde sus cimientos,
con el corazón lleno de ganas
y la mirada libre en todo instante,
con la certeza de un encuentro
y un te quiero que es ahora y es eterno.
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